Autor: Mary Shelley
Sinopsis:
Victor Frankenstein, un
joven científico, decide crear en su laboratorio un humanoide ensamblando
diferentes partes del cuerpo. Cuando este despierta, su creador le rechaza. La
criatura entonces huye del laboratorio y trata de insertarse en la sociedad,
que tampoco la acepta por su apariencia deforme. A partir de ese momento,
cometiendo todo tipo de atrocidades, decide tomarse su venganza con el mundo y
con quien lo ha traído a la vida.
Una reflexión sobre los
límites éticos de la ciencia, las consecuencias de nuestro empeño por dominar
la naturaleza, la necesidad afectiva y la soledad del individuo en toda época.
Mary Shelley comenzó a idear esta célebre obra en el verano de 1816, mientras permanecía encerrada, a causa del mal clima, junto a su marido y dos amigos, Lord Byron y John Polidori. Pasaban los días leyendo historias de fantasmas y conversando sobre ciencia y filosofía. Fue Byron quien lanzó un reto literario: que cada uno creara una historia de terror. Shelley, que entonces tenía 18 años, comenzó a imaginar la historia de un científico capaz de dar vida a un ser artificial. Se inspiró en las conversaciones que habían tenido, centradas en los experimentos de Luigi Galvani y Erasmus Darwin sobre electricidad y la posibilidad de “dar vida” a materia inerte, así como en los debates sobre los límites de la ciencia y la responsabilidad moral del creador.
Aunque no era científica, obtuvo los conocimientos que inspiraron Frankenstein gracias a la lectura, las charlas con intelectuales de su entorno y la influencia de los experimentos científicos de su tiempo. Además, su padre, William Godwin, contaba con una biblioteca muy completa que le permitió acceder a textos de filosofía, ciencia y literatura, acercándola a debates sobre el progreso humano y los límites del conocimiento. Esa combinación de cultura ilustrada y curiosidad científica le dio las herramientas para crear una obra pionera que anticipó la ciencia ficción moderna.
La novela lleva el subtítulo “El moderno Prometeo” como un paralelismo entre Víctor Frankenstein y el titán griego Prometeo, quien desafía los límites divinos al otorgar a la humanidad un poder que no estaba destinada a recibir, y ambos sufren las consecuencias de ese acto. Este subtítulo, junto con muchos pasajes de la obra, constituye una crítica directa de la autora a la ciencia carente de responsabilidad moral.
Esta novela no es solo una historia de terror, sino también una alegoría sobre el poder, la creación y la responsabilidad humana, que enlaza la mitología clásica con los dilemas de la ciencia moderna, explorando la culpa, el miedo y la desesperación de Víctor por haber dado vida a esa criatura.
La novela está escrita de forma innovadora, al igual que su trama. Mary Shelley no solo creó una de las primeras historias de ciencia ficción, sino que la desarrolló con una estructura literaria compleja y un estilo que combina lo romántico con lo gótico. Inicia con las cartas del Capitán Robert Walton a su hermana, donde narra su viaje al Ártico, y dentro de esas cartas se introduce el relato de Víctor Frankenstein, que culmina con la historia de la criatura. Este recurso de “relato dentro de otro” aporta múltiples perspectivas, dándole dinamismo a la narración y permitiendo conocer la verdad de cada personaje.
La autora emplea un lenguaje romántico que consigue un estilo refinado, lleno de emociones intensas, descripciones de la naturaleza y reflexiones profundas. La novela está envuelta en atmósferas sombrías y paisajes desolados. Destaca por un gran desarrollo de personajes, que exploran sus sentimientos y dilemas morales, aportando a la obra un carácter filosófico además de narrativo. Los protagonistas evolucionan a lo largo de la trama, mostrando complejidad y contradicciones.
Shelley aporta voz y profundidad a sus personajes. Víctor empieza como un joven ambicioso, apasionado por la ciencia y el saber, y acaba convertido en un hombre atormentado, perseguido por su propia creación y consciente de su responsabilidad. La criatura es un logro extraordinario y el auténtico corazón de la novela, capaz de despertar empatía y plantear preguntas sobre identidad, rechazo y moralidad.
Una obra maestra que ningún fan de la ciencia ficción y el terror debería perderse. Altamente recomendada.
Qué decir de las innumerables adaptaciones cinematográficas. Solo mencionaré dos: la versión de 1931, dirigida por James Whale y protagonizada por Boris Karloff como la criatura, la más icónica de todas. Introdujo al monstruo con tornillos en el cuello y cabeza cuadrada, imagen que se ha replicado hasta hoy. Guillermo del Toro optó por cambiarla por completo. Luego está la versión de 1994, dirigida por Kenneth Branagh y con Robert De Niro como la criatura, que intentó ser más fiel a la novela, aunque no lo logró del todo.

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