viernes, 3 de abril de 2026

Los colmillos del Lince

 

Autor: Karin Smirnoff

Sinopsis:

Lisbeth Salander y su sobrina Svala parecen tener un imán para los problemas: ahora Svala forma parte de un grupo de activistas que se opone a la reapertura de una mina. El conflicto está en punto muerto hasta que una periodista que investigaba el tema es asesinada. Salander y Svala deberán recurrir a Mikael Blomkvist y al hacker Plague para enfrentarse a un grupo que está dispuesto a recurrir a medidas extremas para defender sus intereses. Pronto verán que entre los oscuros secretos de la antigua mina se encuentran sus peores enemigos: Marcus Branco y el padre de Svala.

Stieg Larsson falleció el 9 de noviembre de 2004 a los 50 años, víctima de un infarto agudo de miocardio en Estocolmo, Suecia. Su muerte ocurrió antes de la publicación de su famosa trilogía Millennium, lo que amplificó su impacto póstumo. También generó polémica, ya que no dejó testamento y los derechos, junto con los millones recaudados por las ventas de los libros y los derechos cinematográficos, no fueron heredados por su pareja, pues no estaban casados, sino por su padre y por su hermano que abrumados por el fenómeno literario, decidieron darle continuidad a la saga recurriendo a algo muy común hoy en día: revivir personajes a través de la pluma de otro autor.

Para continuar la saga, se eligió al escritor David Lagercrantz, quien escribió una nueva trilogía (libros 4-6) con un estilo más sobrio y técnico, centrado en el periodismo y la informática. Sin embargo, dejó de lado la denuncia social, el feminismo y la temática política que caracterizaron a la serie original. Pese a las críticas divididas, fue un éxito comercial, aunque no alcanzó las ventas de la trilogía inicial. Al concluir el tercer libro, Lagercrantz anunció que abandonaba la saga, por lo que hubo que buscar a un nuevo autor.
Así llegamos a Karin Smirnoff, quien dio un giro bastante radical. A diferencia de Larsson, que escribía con un estilo periodístico, detallado y combativo, enfocado en la denuncia social y el feminismo, Smirnoff opta por una prosa directa, visceral y política, con énfasis en el activismo ambiental y las relaciones familiares. Para muchos, esta es la elección acertada, ya que ambas comparten una marcada preocupación por los problemas sociales contemporáneos (violencia contra las mujeres, auge de la extrema derecha, corrupción) y han convertido esas inquietudes en el núcleo de sus novelas.

Lo mejor de esto es la excelente descripción de los entornos naturales donde transcurre esta novela y la anterior (Las Garras del Águila). Los paisajes del norte de Suecia no son solo telones de fondo, sino fuerzas vivas que transmiten aislamiento, dureza y conflicto. Sus descripciones combinan belleza y hostilidad, reforzando el choque entre activismo y poder económico. La naturaleza se convierte en un reflejo del enfrentamiento entre activistas y corporaciones. Los paisajes fríos y hostiles aumentan la tensión y el suspense, mostrando cómo el entorno influye en la vida de las personas.

La historia arranca con la llegada de la primavera a Gasskas, donde la reapertura de una antigua mina amenaza con alterar el ecosistema y la vida del pueblo. Aunque trae nuevos empleos, también provoca desplazamientos, especulación, contaminación y corrupción. En este contexto reaparece Svala, presentada por la autora en la novela anterior, sobrina adolescente de Lisbeth Salander. Entre ellas hay una relación compleja, protectora y simbólica: Lisbeth asume el rol de mentora y guardiana, mientras Svala aporta frescura y compromiso político. Lisbeth es fría, calculadora y marcada por su pasado, mientras Svala es más impulsiva y emocional, lo que genera tensiones pero también una complementariedad entre ambas.

Svala se une a un grupo de ambientalistas que busca impedir la reapertura de una vieja mina. El asesinato de una periodista que investigaba el proyecto desata una escalada de violencia en la que Svala se ve atrapada. Lisbeth, reacia a involucrarse, termina arrastrada a la investigación junto a Mikael Blomkvist, ahora periodista en un pequeño diario local. Juntos descubren una red de intereses oscuros. A todo esto se suma la desaparición de Plague, un hacker y antiguo socio de Lisbeth, quien resulta ser la pieza clave de todo este rompecabezas.

Uno de los grandes aciertos de la trama es la inclusión de corporaciones que ocultan sus actividades ilícitas tras el discurso del progreso sostenible. La reapertura de la mina funciona como eje moral que explora la ambigüedad del llamado desarrollo verde. Es una metáfora en la que el subsuelo y sus secretos se transforman en símbolo de corrupción y poder oculto. Smirnoff potencia la atmósfera con descripciones de paisajes inhóspitos, acentuando la violencia y el peligro, y reflejando decadencia y explotación.

Lisbeth Salander muestra una clara evolución desde la etapa con Larsson, pasando de ser una hacker brillante y antisistema a asumir un papel de protectora y mentora, sobre todo con Svala. Su figura se humaniza más, aunque sigue siendo dura y solitaria, conservando ciertos lazos familiares. Con Larsson, su motor eran los abusos, traumas y ansias de venganza. Ahora eso parece haber quedado atrás, al punto de evitar el enfrentamiento directo. Incluso su faceta de hacker parece relegada, casi no menciona la computadora; antes la usaba constantemente y ahora apenas lo hace. Da la impresión de que no ejerce esa habilidad, no porque la haya abandonado, sino por desconocimiento del tema por parte de la autora.

Mikael Blomkvist pasa de ser un idealista y motor principal de la investigación a casi un personaje secundario en la primera novela. En esta, recupera algo de protagonismo, pero como figura veterana. Sirve de contrapunto para Lisbeth y Svala, aportando su experiencia. Lucha por mantenerse relevante, enfrentando la manipulación mediática y la corrupción política. Se le nota envejecido y cansado, aferrado a métodos tradicionales, sin terminar de adaptarse al mundo digital.

Henry James decía que todo ya estaba escrito, que la originalidad no está en el tema sino en la forma de contarlo. Por eso no esperaba una historia completamente nueva, pero sí algo diferente, y no lo encontré salvo en la evolución natural de los personajes por el cambio de autor. El único cambio, aparte del envejecimiento lógico, es que Lisbeth y Mikael han cedido el protagonismo a Svala. En las primeras 120 páginas, ninguno de los dos aparece. Sospecho que podrían estar pensando en convertir a Svala en la heredera de la saga. Es probable que algunos fans incondicionales de los personajes se sientan un poco decepcionados.

Otro problema en el que me vi envuelto fue que, a medida que avanzaba en la lectura, no podía evitar una sensación de déjà vu. Sentía que esto ya lo había leído antes, pero no por falta de originalidad como había mencionado. Me puse a analizar esta novela y la anterior, y noté una similitud en su estructura. Smirnoff utiliza el mismo recurso narrativo como clímax en ambos libros, no quiero dar un spoiler por lo que tendrán que descubrirlo ustedes. Esto puede generar una sensación de repetición. No sé si esto se deba a una falta de ideas o si fue algo deliberado para mostrar que Lisbeth y Svala luchan contra un enemigo que se adapta y sobrevive, al igual que las corporaciones que cambian de proyecto: en la anterior, un parque eólico; ahora, una mina. 

En definitiva, ¿es un buen libro? Diría que es pasable. No aburre, no se desvía del tema, es crudo y directo. Perfecto para un domingo por la tarde sin muchas pretensiones. Eso sí, espero que el próximo libro que publique cierre de una vez toda la saga y le dé un final digno.

Los colmillos del Lince

  Autor: Karin Smirnoff Sinopsis: Lisbeth Salander y su sobrina Svala parecen tener un imán para los problemas: ahora Svala forma parte de u...